Embotellando la Barley Wine - Toma 1
En la última semana del año 2007, nos agarró el apuro por embotellar la Barley Wine. Y claro, se acercaban las fiestas y era una buena forma de recibir al año nuevo.
Nos presentamos ante los fermentadores, y procedimos a trasvasar una de ellas que, por sorteo, resultó ser aquella fermentada con levadura Nottingham.
Optamos, por miedo al "manoseo" (a la oxidación, digamos), por empujar con CO2 la cerveza ya fermentada a un Cornelius para luego carbonatarla artificialmente y embotellar con contrapresión.
Durante el trasvase, pudimos verificar el hermoso color que la cerveza habia adquirido, cosa que nos dió mucho gusto. Pero... grande fue la sorpresa cuando, al probar una muestra, se hizo notable la baja atenuación (a decir verdad, no es que haya sido una completa sorpresa, porque ya habíamos medido la densidad, pero teníamos la esperanza de que no quedara demasiado dulce).
Si bien la cerveza fue provista de una elevada carga de lúpulo para amargor, indefectiblemente sobresalía el dulzor residual.
Luego de las consideraciones del caso, optamos por reinocular con otra dosis de Nottingham, para ver si conseguíamos liquidar algunos azúcares extra.
Para no hacerla más larga, la cerveza no atenuó ni un grado más, y ahí esta, esperando el segundo intento por embotellarla.
Pronto contaremos cómo nos fue con el segundo intento y, la otra gran incógnita: ¿que será de la otra mitad del lote, fermentada con levadura de champagne?
Por suerte, había otra cerveza para pasar el trago amargo (¿o será mejor decir dulce?).














