28 de enero de 2008

Embotellando la Barley Wine - Toma 1

En la última semana del año 2007, nos agarró el apuro por embotellar la Barley Wine. Y claro, se acercaban las fiestas y era una buena forma de recibir al año nuevo.
Nos presentamos ante los fermentadores, y procedimos a trasvasar una de ellas que, por sorteo, resultó ser aquella fermentada con levadura Nottingham.



Optamos, por miedo al "manoseo" (a la oxidación, digamos), por empujar con CO2 la cerveza ya fermentada a un Cornelius para luego carbonatarla artificialmente y embotellar con contrapresión.

Durante el trasvase, pudimos verificar el hermoso color que la cerveza habia adquirido, cosa que nos dió mucho gusto. Pero... grande fue la sorpresa cuando, al probar una muestra, se hizo notable la baja atenuación (a decir verdad, no es que haya sido una completa sorpresa, porque ya habíamos medido la densidad, pero teníamos la esperanza de que no quedara demasiado dulce).
Si bien la cerveza fue provista de una elevada carga de lúpulo para amargor, indefectiblemente sobresalía el dulzor residual.



Luego de las consideraciones del caso, optamos por reinocular con otra dosis de Nottingham, para ver si conseguíamos liquidar algunos azúcares extra.
Para no hacerla más larga, la cerveza no atenuó ni un grado más, y ahí esta, esperando el segundo intento por embotellarla.

Pronto contaremos cómo nos fue con el segundo intento y, la otra gran incógnita: ¿que será de la otra mitad del lote, fermentada con levadura de champagne?

Por suerte, había otra cerveza para pasar el trago amargo (¿o será mejor decir dulce?).

Noticias de ayer

Si bien de estas cervezas no queda ni una gota, queremos compartir los rostros de los ilustres caballeros y gentiles damas que colaboraron con su extinción. Abajo, algunos ejemplos:

Nota: Ante el requerimiento de datos de alguno de ellos por parte de la policía, declaramos que no los conocemos, sólo pasaban por allí y se metieron a beber.


El suministro del líquido elemento provino de la maravilla tecnológica del Cornelius, con la ayuda del queridísimo dióxido de carbono (CO2 para los amigos).

El preciso y automatizado control de temperatura, parte fundamental de una buena tirada (de cerveza, claro) quedó a cargo de otro avance de la tecnología que todavía no fue patentado, pero esta en trámite. En un derroche de creatividad, hemos dado en llamarlo CorniFresq (en sus versiones Mono y Stereo). ¡Y ojo con decir que eso se parece mucho a un balde con hielo!